Backup no. 1

Ruido blanco

Te escribo para entender de mi radio,
la enesima estación (sobre todo, la que conoces).
El río y un anzuelo, ambos axiomas de mis paces,
apagaron ya la luz que un día mi madre ha encendido.
Y ya por ello, me disculpo de antemano, he muerto con tu frecuencia del amado.
El río cuanto se recorré, para buscar un no sé tanto.

- - -
 
Siento toda la fuerza de la hoja

si soy quien la sostengo
y debe caer.
Llega el tiempo, y vuela con
un sosiego que solo se consigue
con encierros pintados
de azulejo.

Azul, lejos. Azul...

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Quiero meter 61 segundos en un minuto,
Pero el relojero ha sido claro desde el principio
Treinta para tener, dieciocho para conocer,
uno para odiar y once para el predecible reencuentro con tu mirada.
Si hay sesenta ya, puede haber uno más.

Uno más largo.
O igual para no ser mano estirado
Uno más basta para reconocer
El inmenso contenedor del tiempo
Para entender del día mis seguros minutos de treinta segundos

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Está en el mar
Y mientras deseas tatuarle tus vuelos al parapentista
un toque electrico,
un encuentro en la esquina,
una muerte repentina,
pero con el respaldo de las manecillas.

Qué bonita palabra, la de dos golondrinas que se comunican debajo del agua,
Estimaciones repentinas del surfista que provoca porque alguna vez fue invitado.

Y lejos de la pluma la moneda es una sola: perturbaciones en un espacio/cuerpo causadas por atracción.

Que hermoso ser empujado por una hola, al borde de la luna o hacia la superficie de una estepa. Por lo menos más cerca del último recado.

- - -

¿Como podría comunicarme contigo, sin mi traductor de bolsillo?
¡Acompañame a este castillo,
La fortaleza de mis flaquezas!
Ahora lo veo,
Oficialmente te he perdido.

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La alcoba, la luna y el viento

Roer de lejos tu aroma
y caminar en el espacio
de tu alcoba,
en el espacio que me pertenece.
El sonido que huye y carece
ahora de estruendo
me sobresalta, empero
la luna con su filo se esparce
y confunde el pedazo que sostengo,
tu rostro que carece de aliento;
me parece lo más bello
dentro del espacio ocupado por nuestra alcoba, la luna y el viento.

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¿En donde están?
En la red
Atrapados
Engañados
¿Quien los...
Ellos mismos
Pero alguien creó la red
Pero no hay pescador
 
- - -

Cae la mirada y el sol en el mismo pozo.

¿Ahora que atesoras?
hueles a barro y manzana podrida
Pero sigo creyendo
que algún día en lugar de miedo
pudiera encontrar uvas
miradas rojas pero perdidas
mientras te siga teniendo.

Mañana me cuelgas
en los recuerdos de los viñedos
Pero hoy me perdonas
mi falta de astucias,
pediré un deseo:
detén la caída
ya no tengo manos para no seguir viendo
ni palabras que ofrecer al viento.

Contesta te pido, la pregunta,
te seguiré creyendo.

- - -

Incluso el vidrio que está atado a los caprichos del tiempo, detiene al hombre de ir desprotegido y de ir ciego por su camino. Mantiene al herrero hidratado y al astrólogo más cerca de su cielo estrellado. Preserva bastante bien tanto a la Eva mitocondríal como a la Madre de Cristo, permitiendo libre acceso a su conocimiento mediante cristales más pequeños. El hombre ilumina su pensamiento adormecido y sus caminos anochecidos con cristales al rojo vivo. Incluso este material frío e innanimado encuentra en una fracción de su existencia su proposito divino (o al menos un objetivo), en manos de un ser, que se presume, de mayor consciencia (de mayor recorrido).

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Y así cayo la lluvia sobre la tierra
De por sí ya húmeda de por sí ya seca
Yo te veía que eras vida (la mía)
Y te percibes mejor como la muerta
¿Cómo pues estaremos unidos
Separándonos aquella puerta?
Al final serán solo nuestros sonidos
Y el tacto y el beso
Serán todos extinguidos.

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